Capitulación y éxito

Lo que más deseaba en el mundo era ser el entrenador principal de un equipo de fútbol americano. Pensaba que una carrera como entrenador me daría todo lo que había soñado en la vida: el dinero, la posición social y el prestigio. Estaba obsesionado con estas cosas. En 1972, conocí a George. Era pequeño de estatura, modesto, y tenía paz consigo mismo y con Dios. A medida que pasamos tiempo juntos me di cuenta que a pesar de que le había pedido a Jesús que entrara en mi vida cuando era solamente un niño, nunca le había tomado en serio y nunca le había dado el primer lugar de mi vida. Sabía ahora que las cosas tenían que cambiar.

Pero aún hasta después de que decidí entregarle mi vida una vez más a Cristo, tenía dudas de confiarle y entregarle mi carrera. En 1978, después de varios empleos, finalmente parecía como si estuviera listo para ser entrenador principal de un equipo. Pero fue entonces cuando tuvimos una temporada desastrosa: 4 a 12. Entonces oré, “Dios, por toda mi vida he querido ser entrenador principal, pero ahora te voy a entregar esto y te lo voy a dejar en tus manos esta vez. Desde ahora en adelante mi carrera esta en tus manos.”

Dos años más tarde me convertí en el entrenador principal de los Redskins de Washington en los EE.UU. En 1983 gané el primer torneo Superbowl (Torneo nacional de fútbol americano) pero gasté mi dinero en inversiones de bienes ya que deseaba ser rico. En vez de confiar en Dios, tuve que enfrentarme con mi propia bancarrota.

Ahora que veo atrás, sé que Dios me estaba enseñando que la felicidad y el éxito no son cosas que debería perseguir, pero que éstos resultan de una vida entregada al Señor. A Dios no le importan las victorias de fútbol americano; Él se preocupa de mí, y desea tener una relación buena conmigo. Esta es una lección que he tenido que aprender por más de una vez, y en muchos sentidos siguo todavía aprendiéndola. Sin embargo, Dios es fiel, y como resultado, soy una persona más fuerte ahora.

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