Me di cuenta por casualidad

Sucedió rápidamente. La camioneta estaba arrancando alrededor de la curva, y apenas tuve tiempo para advertirle a mi esposo que se agarrara de algo. La camioneta dio vueltas sin control alguno y terminó al revés en la zanja. Increíblemente, no nos herimos. Junto con los restos de la camioneta estaba el equipo de música que tenía conmigo durante la gira. Esa noche, en la fría y oscura zanja, me di cuenta que Dios me estaba dando una segunda oportunidad en la vida. Como verá, de niña, mi vida ya era un desastre.

Había sido abusada sexualmente. Mi padre era alcohólico y había cometido suicidio.

Mi madre había fallecido de cáncer en el pecho y mi hermano mayor había fallecido por causa de una sobredosis accidental de heroína. Pero en medio de este dolor, Dios estaba allí y se preocupaba de mí. Durante los últimos años de mi adolescencia, me mudé de hogar a hogar y no pensaba en Dios nunca más. Había empezado a vivir una vida loca.

Silenciosamente enterré mi fe en Dios debajo de una alfombra. No pensaba que le necesitaba más. Pero esta nueva forma de vida estaba en contra de los valores morales que una vez creí. Y por eso empecé a odiarme. Me sentía perdida, vacía y sin amor.

Era en ese momento cuando ese accidente había ocurrido. Fue un cambio total para mí. Dije, “Dios, ya no puedo vivir así. Te estoy dando mi vida nuevamente.” Esto empezó mi viaje hacia la sanidad.

Con la ayuda de Dios, he podido enfrentar los dolores de mi vida. Su mano sanadora ha entrado en mi corazón y me ha tocado. Él me ha dado otra oportunidad para vivir y su amor me ha llenado el alma desde entonces.

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